La gestación social del maltrato y los problemas de pareja

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Algún día seré para alguien; algún día alguien será para mí

En una playa cualquiera de Barcelona se sucede una bonita escena. Un grupo de jóvenes, muchachos y muchachas viviendo sus dieciséis, revolotean en el agua. Probablemente sea su viaje de fin de curso, total iniciación! Lejos de la mirada de los padres, sus cuerpos al sol, buscándose.

Las chicas se zambullen primero. Detrás va una tropa de valientes jovenzuelos al encuentro. Las alcanzan, se suceden ahogadillas, salpicadas y revuelos. La Vida ante mis ojos se sucede.

Tres muchachas rezagadas, bellísimas y esplendorosas todas ellas, en un margen de la orgía de esta escena de vida, tratan de encontrarse, de jugar sin juego. Una se preocupa por su nudo en la braguita del bikini, otra se atusa el pelo mientras mira afuera, hierática, la vida en otra parte, del lado de los chapoteos. Sus cuerpos anhelan liberarse, pero algo va mal en sus cabezas. Encerradas en su belleza, sus cuerpos de cera agonizan y se secan, en la misma edad de las protuberancias y las curvas, de los besos y el deseo.

Es la adolescencia. ¡Hay tanto en juego!, ¿gustaré?, ¿acaso mi cuerpo vale la pena?, mi cuerpo es PODER. ¡Maldito patriarcado atroz que ha sustituido el placer por el poder, secando la vida dentro de los cuerpos acorazados, doloridos, enfermos!

En otro margen de la escena, un muchacho, fornido y musculado, quien sabe si sometido a la condena de las horas de gimnasio, se cuenta los abdominales. Al lado suyo, el gordito del grupo, el “Piraña de Chanquete” hace su avance hacia el placer. El muy cabrón del cachas lo interrumpe, le escupe y le salpica. El gordito grita y ríe, decide hacer un juego del escupitajo.

En la orgía adolescente hay caballitos, luchas de mujeres contra hombres, risas, diversión. El agua los ha encontrado, ¡que no se vaya el sol!

Yo, si tuviera una hija, me dejaría la piel en enseñarle a jugar, a jugar al placer, desmelenarse. A valerse de su gran corazón y su sonrisa, a dejarse mirar y mirar como pantera, a celebrarse.  A entregarse, y transformar la vergüenza en un deseo de gustarse.

Recuerden, la moda no está diseñada para gustarse, sino para avergonzarse. No sirve al placer ni al desarrollo humano, sirve al dinero y al poder. Lastima la inocencia de los cuerpos, que pierden su naturaleza. Lo natural no es enfermar ni compararse, lo natural es compartir, amar y disfrutarse.

Así es como mi estima propia queda hipotecada a la mirada de otro. Me convierto en un ser dependiente de aprobación, sin el permiso de disfrutar, “disfrutaré cuando de la talla”, cuando sea elegida, cuando encuentre ese pedazo de naranja que me falta, que es nada menos, que la mitad de mí, mi mitad amputada.

¡Ahora que te encontré debería ser feliz!,  ¡Dame!

El maltrato surge de esta terrible herida. Es una danza de dos, sumiso y dominante, un juego de poder, con más o menos gritos y aspavientos de las partes. Pareciera que amar es maltratarse en nuestro tiempo. No es necesario hablar de la “patología del maltratador”, de un” trastorno de personalidad con rasgos psicopáticos”, ni usar nomenclaturas rimbombantes. El maltrato está en la sociedad, estructura el orden social y afecta por igual a mujeres y hombres. La violencia de género nos lastima a todxs y estas son las ascuas que activan los problemas de pareja.

Hay quien desarrolla un sadismo y una voracidad gigante. Hablamos de personas con una historia algo peculiar. Personas muy dañadas, enormemente lastimadas en su inocencia. Tal corazón se haya cerrado, y ante un corazón así el amor despierta alergia, una reacción muy dolorosa. Yo siempre recuerdo una frase de un maestro que decía: “el amor, entra por la herida“.

Entonces sí hay personas que rechazan el amor, y que al mismo tiempo buscan la pareja, pero no saben amar, solo saben defenderse del amor. La defensa del amor es el odio. Al mismo tiempo, esto es lo único que han conocido, es su referente de la unión, la lucha. Uno solo puede dar lo que tiene y desgraciadamente, quien tiene mucho daño, puede llegar a dañar mucho. En terapia de pareja es crucial reconocer estas dinámicas destructivas tan veladas a la conciencia, es imprescindible reconocer la contradicción interna entre el deseo de amar y el boicot al bienestar.

El maltrato psicológico es un reflejo del maltrato interno, uno trata al otro tal y como se trata a sí. Si me juzgo, juzgo; si me exijo, exijo; si me grito, grito; si me desprecio, desprecio…en la misma medida y en exacta proporción. Si me desprecio yo, cómo no me iba a dejar despreciar por un otro!

El merecimiento es la fidelidad al propio corazón“.

 

Rubén Garrido. Psicólogo y psicoterapeuta gestalt.

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